EL GRAN SECRETO DE JESÚS

lunes, 14 de junio de 2010

Jesús no era tan pacífico como se suele creer, y sus enseñanzas no supusieron una ruptura fundamental con la tradición del mesianismo militar judío. O al menos eso pensaba el antropólogo Marvin Harris (1927-2001), según lo expuso en su obra Vacas, cerdos, guerras y brujas (1975). Para Harris, aunque parece que los Evangelios pretendían mostrar a un mesías pacífico incapaz de realizar actos violentos, una lectura atenta de los mismos permite vincular a Jesús con la tradición militar-mesiánica y lo implica en la guerra de guerrillas. “Los escritores de los evangelios –escribió– cambiaron el equilibrio de la conciencia de estilo de vida del culto a Jesús en la dirección de un mesías pacífico, pero no podían borrar del todo la tradición militar-mesiánica”. El antropólogo apunta que cuando Jesús cruzó las puertas de Jerusalén montado en un asno, invocando deliberadamente el simbolismo del libro de Zacarías, no fue con la intención de “hablar de la paz a los paganos”, sino para cumplir con los vaticinios tremendamente militar-mesiánicos de Zacarías, dado que los hijos de Sión “devoran y someten”… y “serán en el combate como valientes que pisotean a sus enemigos en el lodo de las calles… porque el señor está con ellos y serán confundidos quienes cabalgan caballos”. Los paganos tendrían la paz, sí. Pero sería la paz del largamente esperado Sacro Imperio Judío.

Harris recuerda que en una ocasión Jesús y sus discípulos entraron violentamente en el patio del gran templo y atacaron físicamente a los mercaderes, y que el propio Jesús utilizó un látigo durante este incidente.

Para el antropólogo, ni sus discípulos ni “la muchedumbre que rodeaba a Jesús habían tenido tiempo de adoptar un estilo de vida no violento”. De entre sus discípulos, sabemos que “al menos dos de ellos tenían apodos que sugieren su vinculación con activistas combatientes. Uno era Simón, llamado “El Zelote” (los zelotes eran la facción más violenta del judaísmo de su época), y el otro era Judas, llamado “Iscariote” (una transformación helénica de “sicario”), aunque en algunos manuscritos del latín clásico Judas se llama en realidad Zelotes. También Santiago y Juan tenían apodos militares. Se llamaban los “Boanergés”, que Marcos traduce del arameo como “hijos del Trueno” y que también podía significar “los feroces” o “los coléricos”. Cabe recordar que en un momento de la narración evangélica pretenden destruir una aldea samaritana entera porque la gente no había acogido a Jesús.

Harris prosigue su análisis recordando que “algunos discípulos llevaban espadas y estaban dispuestos a oponer resistencia a la detención”. De hecho, justo antes de ser detenido, Jesús dijo, “el que no tenga espada, que venda su manto y se compre una”. “Esto –prosigue– movió a los discípulos a mostrarle dos espadas, lo que indica que al menos dos de ellos no sólo estaban armados habitualmente, sino que habían ocultado sus espadas bajo las ropas...” como los “sicarri” (sicarios).

“Todo esto lleva a una conclusión: la conciencia de estilo de vida compartida por Jesús y su círculo íntimo de discípulos no era la de un mesías pacífico”. Y a continuación Harris dispone de algunos de los enunciados más pacíficos de Jesús junto a negaciones inesperadas y contradictorias. Por ejemplo:

Bienaventurados los que hacen obras de paz. (Mateo 5:9) / No os imaginéis que vine a poner paz sobre la tierra; no vine a poner paz, sino espada. (Mateo 10:34)
Si uno te abofetea la mejilla derecha, vuélvele también la otra. (Mateo 5:39) / ¿Pensáis que vine a traer paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino más bien la división. (Lucas 12:51)
Todos los que empuñan espada, a espada perecerán. (Mateo 26:52) / Quien no tenga espada, venda su manto y cómprese una. (Lucas 22:36)
Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen. (Lucas 6:27) / Y habiendo hecho un azote de cordeles, echóles a todos del templo... y desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas. (Juan 2:15)
Después de ser capturado los romanos trataron a Jesús como si fuera el líder de una rebelión militar-mesiánica. Esto fue así puesto que a los romanos no les preocupaba lo más mínimo la violación de los códigos religiosos de los nativos. Lo que a los romanos les preocupaba –dice Harris–, era la amenaza de destruir el gobierno local. Efectivamente, “para los romanos Jesús era sólo otro personaje subversivo que merecía el mismo destino que todos los demás bandidos y revolucionarios agitadores de masas que seguían saliendo del desierto”. De hecho Jesús no fue crucificado solo, sino junto a otros dos “ladrones”, según las versiones en lengua inglesa. Sin embargo “el término original del manuscrito griego para ellos era lestai, precisamente el mismo término que Josefo utilizó para aludir a los bandidos-zelotes”.


No hay que olvidar que la mayor parte de los judíos que aguardaban impacientes el regreso de Jesús después de su crucifixión, esperaban a un mesías que derrocaría a Roma y convertiría a Jerusalén en la capital del Sacro Imperio Judío. En el libro del Apocalipsis, se describe la vuelta de Jesús como un jinete con muchas diademas sobre la cabeza, montando en un caballo blanco, que juzga y hace guerra, cuyos ojos son como “llama de fuego”, viste un manto “salpicado de sangre”, y rige a las naciones con “vara de hierro”, y que vuelve a “pisar el lagar”, dice el antropólogo.

Lo más probable es que los componentes político-militares originales de las doctrinas de Jesús se desprendiesen tras la caída de Jerusalén como una respuesta adaptativa a la victoria de Roma. Era necesario convencer a los romanos de que éste mesías difería de los demás mesías bandidos militares (zelotes) que continuamente les creaban problemas. Lo que parece evidente es que Jesús no alcanzó en vida una relevancia suficiente como para dejar constancia en fuentes arqueológicas. La popularidad de este personaje es porterior a su muerte. Jesús no fue, en vida, un importante líder, sino un predicador itinerante salido del desierto, o, si se me permite la expresión, un agitador callejero, no más popular ni  pacífico que otros tantos mesías militares judíos de la época como Atrongeo, Teudas, Shimon, Judas de Galilea o Manahem.

5 comentarios:

Noé Molina dijo...

Primero que nada Pablo… quiero pedirte mil disculpas pero no me había fijado que entre los blogs que sigo no estaba el tuyo. Craso error ya que lo sigo con interés. Problema solucionado.

Veo que te me adelantaste en el tema…. Jejejeje. ¡Excelente articulo!... en efecto como lo planteas, si Jesús existió, sin duda fue conocido juzgado y muerto por sus relaciones con las rebeliones judías. Y la contradicción entre el Jesús amor/violencia es evidente en los evangelios. Por cierto, conozco algunas referencias sobre el termino “Boanergés” que son muy interesantes y las trataré en alguna oportunidad.

Espero publicar más adelante un articulo relacionado también con la violencia de Jesús en los evangelios, y también espero tener la oportunidad de citarte (si tu lo permites, claro)

Te reitero las felicitaciones por el artículo. Muy bueno.

Saludos.

Hola!

Te agregué a la lista de blogs que sigo. Muy interesantes tus escritos, sigue adelante!

Mi blog es: www.reflexiones-irreverentes.blogspot.com

Tal vez mis últimos posts te interesen.

Saludos.

Jack Rational dijo...

No podemos saber si Jesús existió realmente, pero si así fue, la descripción que se presenta en el post me parece muy creíble. Décadas después, su vida y muerte sirvieron para pacificar el imperio, y de paso, montar la mayor patraña de la historia.

Muy buen artículo.

Pablo H. dijo...

Así es, Jack. Que existiera o no Jesús (y si fue realmente un mesías divino o sólo un agitador callejero) es solo cuestión de opiniones. Que, caso de existir, no fue importante, es un hecho objetivo que ni siquiera los más fundamentalistas pueden negar.

Bienvenido.

Anónimo dijo...

hablas de algo que no conoces.. como puede enseñar alguien matematica, si solo estudio lenguaje..porque no hablas de los milagros de Jesús. y que aun en la actualidad siguen sucediendo..el que nada sabe.. solo habla de lo que sabe..